Semana 51: comunicándose más y mejor

A esta edad el niño va mejorando sus capacidades sociales, motrices y cognitivas. Además, casi incorporó todos los alimentos y está diciendo sus primeras palabras.

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Sus primeras palabras: camino a la socialización

A esta altura tu niño tal vez camine o esté a punto de hacerlo. Quizás también domine su pata-pata. El crecimiento de sus habilidades motoras es notorio. Sin embargo no es el único aspecto en el que demuestra progresos.

Ya puede comunicar lo que piensa. En esta etapa está aprendiendo a desarrollar su pensamiento, hablar, comunicarse. Y aunque lo que más le guste es estar en compañía ya habrá aprendido a quedarse, de vez en cuando, solito.

A medida que vayas conociéndolo mejor vas a empezar a analizarlo buscando identificar su personalidad, sus gustos y tus respectivas contribuciones genéticas. Poco a poco vas a ir viendo la progresión de su desarrollo como algunos rasgos específicos de su temperamento o tendencias de su personalidad (si es activo, sociable, tranquilo, etc.) y determinados hábitos (adoptar algún objeto protector, dormir con determinada postura, etc.).

Tu pequeño ya desarrolló la comunicación voluntaria con la que pretenderá comunicarse. Y cuando lo consiga exigirá una respuesta mediante un gesto o una palabra. En el bebé, el llanto, el grito, la irritación, relajación y movimientos diversos son un modo posible de dar a entender sus necesidades. Es importante que a estas manifestaciones les atribuyas palabras para que puedan expresarse y hacerse entender.

Hay que tener en cuenta que necesita transmitir sus sensaciones (“no quiero estar solo”; “quiero caricias”; “no quiero visitas molestas”; “hay mucho ruido”; “ tengo sueño” o tengo "ganas de llorar”). Entender a tu hijo te permitirá responderle con acciones y con palabras
que representen lo que le ocurre y necesita. Es importante darle tiempo y espacio para expresarse, y si lo hace con llanto, no desesperes. Así lograrás interpretar mejor lo que te quiere decir.

Cuando le hables, dirige tu mirada a su rostro, dándole seguridad. Esto conforma una experiencia placentera y trascendental para el niño ayudando a equilibrar la exaltación que tiene habitualmente.

A esta altura tu pequeño come más y mejor. Pero insiste en agarrar todo con la mano. Se ensucia mucho, pero es parte del aprendizaje.

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